Individuo: Del latín individuus: 'indivisible'. Es una de las palabras con las que hoy se designa a la persona: cada persona es individuo, esto es, es indivisible; si se pudiera dividir en dos personas, serían dos individuos. Hasta aquí bastante obvio. Pero el problema está en la simpleza que se hace al identificar a la persona con el individuo, pues también un burro es indivisible....

La persona es mucho más que el individuo; Los individuos se distinguen entre si, por las diferentes cualidades que tienen; por ejemplo, dos peces de la misma especie, tienen manchas diferentes en sus escamas. Son dos individuos distintos. Si tuvieran la misma materia, serían el mismo individuo.
Pero esta diferencia no es la que nos hace personas. Para explicar la persona y su dignidad hay que recurrir tarde o tem­prano al alma humana, pues es lo que nos distingue de los animales. No hay otro camino. Es persona quien tiene expe­riencia de su propio yo, es persona quien es capaz de relacionarse con otros con una relación de amor u odio. Es persona quien es capaz de amar. En palabras de santo Tomás, la persona es lo más noble y perfecto que hay en toda la naturaleza.
Con palabras de Maritain, el drama de la modernidad es la confusión entre la personalidad y la invidualidad, y yo me atrevo a añadir que esta confusión se la debemos al pecado original. El individualismo brota de esta confusión, y hace que uno se preocupe primero de sus necesidades, incluso buenas. Por ejemplo, en el matrimonio, el individualismo busca la comodidad propia, y puede aparecer, si no hay un verdadero amor, incluso en los primeros meses de vida conyugal. También se puede dar en la vida espiritual, de un modo muy sutil, disfrazándose de actos buenos que yo realizo para crecer. Y así, mi relación con Dios es un bien para mi, y pensaré que voy a Misa a recibir algo. Estoy poniendo aposta frases ambiguas, para que caigamos en la cuenta de la trampa del individualismo para la vida espiritual.
Eucaristía y tentación individualista son incompatibles. La razón es muy sencilla: el individualismo es una reducción de la persona que le quita su vocación al amor, a la relación con otros “yoes”, relación de intimidad y de entrega, de donación. Si por ser personas nuestra vocación es la intimidad y la entrega, la Eucaristía es precisamente esto. Por eso, la Eucaristía forma comunidad, primero, entre Cristo y los apóstoles, ya que no cabe una relación solo radial con Cristo, sin que haya una comunidad de vida con quien participa de una misma fe. Ojo con Lutero pues cuando acentuó la subjetividad en su reacción contra la Iglesia Católica, puso los cimientos del individualismo de la modernidad. Según él, la fe es algo interior, personal, íntimo. Es un acto personal de confianza en Dios, y esta afirmación tan sencilla ha tenido enormes consecuencias para nuestra sociedad europea. Sin embargo, creer es más que hacer un acto íntimo; es creer a Dios que se revela y creer también lo que el revela. La fe no solo es personal, es eclesial. Y la Misa no solo es algo que recibo es una celebración de la Iglesia, de toda la Iglesia. Por eso, la Eucaristía une, crea comunión. Yo sospecharía de la celebración de una Eucaristía que no crease comunión; no hará crecer el Cuerpo de Cristo.
P . Javier, párroco.