Tuesday, 02 February 2021 22:12

Buscando un padre en los lugares equivocados

Written by
Rate this item
(9 votes)
Buscando un padre en los lugares equivocados Hripsime Poghosyan, CC BY-SA 4.0 , via Wikimedia Commons

Nota: el siguiente artículo está tomado de la web americana Art of Manliness. Se publica con permiso de su director. Esta web ofrece recursos muy interesantes para vivir la masculinidad, máxime en un mundo en que está en crisis debido a la presión cultural que supone la imposición del feminismo de género.

====================================

El fraile franciscano Richard Rohr es persona bastante conocida por ser autor de numerosos libros sobre espiritualidad y líder de retiros para varones. No era así a principios de los 80, cuando comenzó su vocación como escritor, pues apenas acababa de publicar su primer libro sobre el camino de la iniciación masculina. En una gira de presentación de su libro fue una gran sorpresa para él, entrar en la la catedral de Nuremberg, Alemania, y descubrir que su evento había atraído a mucha gente. Había muchos hombres llenando los bancos, sentados incluso en los pasillos y también en el santuario.

Después de hablar a una audiencia absorta, predominantemente masculina, Rohr abrió el turno de preguntas. Un joven se puso de pie y dijo: "Padre, le damos gracias por venir aquí hoy". Luego, abriendo sus brazos de derecha a izquierda, dijo:

Somos hijos sin padre, hijos de los hijos sin padre: Matamos a nuestros abuelos en la Primera Guerra Mundial. Y matamos a nuestros padres en la Segunda Guerra Mundial. Por eso llenamos esta iglesia hoy aquí. No sabemos cómo hacerlo”.

Cuando Rohr relató este momento durante su aparición en el podcast de Art of Manliness (en cuya web se ha publicado este artículo, N del T) , dijo: "se podía oír el ruido de un alfiler al caer".

Fue entonces cuando el p. Rohr cayó en la cuenta de la importancia del tema sobre el que ha seguido escribiendo y hablando en décadas posteriores: la herida del padre.

¿Qué es la herida del padre?

Algunos psicólogos y líderes espirituales postulan que todo el mundo nace con "hambre de padre", que consiste en el deseo de ser afirmado, aprobado, conocido, comprendido y amado por su propio padre, y de crecer con un sentido de fuerza y autoridad, que, aunque no sea dominante, proporciona el tipo de estructura que permite a un niño crecer y desarrollarse. Cuando un niño no recibe este tipo de cuidado masculino, ya sea porque su padre no estuviera presente debido a un divorcio, al abandono o al fallecimiento, o estuvo nominalmente presente, pero funcionalmente ausente porque diera prioridad al trabajo, favoreciera a un hermano o fuera directamente abusador -esta hambre de padre se convierte en la herida del padre.

La herida del padre consiste en una sensación de carencia, un vacío, que puede perseguir a alguien durante toda su vida, aunque no siempre se reconozca por lo que es y no se la pueda poner nombre.

Si bien el descuido de una madre también puede resultar en una "herida materna", en “From Wild Man to Wise Man: Reflections on Male Spirituality”, Rohr sostiene que la relación única del padre con sus hijos hace que su amor sea específicamente apreciado y, por lo tanto, se dé un sentimiento agudo de daño cuando ese amor no esté presente:

Nuestro padre, y su relación con nosotros, es la primera respuesta de un "forastero". El amor de mamá es corporal, empieza en el útero y sigue por el contacto con el pecho en la lactancia. Está ahí, se da por sentado; se confía instintivamente en ella, razón por lo cual una fundacional la "herida materna" puede ser aún más devastadora para el propio corazón. Cuando nuestra buena madre muere, primero se experimenta como si Dios hubiera muerto, porque ella es la primera imagen clara de Dios y de su seguridad divina.

Pero papá es ese otro de la casa, que está a una cierta distancia. Él no "tiene" que amarte. Su amor ni se siente ni se percibe de manera inherente, como el amor de la madre. ¡Él debe elegir amarte! Él se decide por ti, te escoge, te considera especial entre muchos. Redime, libera y fascina, por tanto, de una forma totalmente diferente. Esa es la experiencia transformadora única del amor masculino. Nos valida y nos afirma profundamente, precisamente porque no es necesario.

El resultado de no experimentar una elección clara y una afirmación hecha por un padre, argumenta Rohr, “es una herida profunda, una privación que provoca un sentimiento del propio centro y límites, una mente desconectada del propio cuerpo y de sus emociones, una vida vivida como la pasividad de un fuego apagado".

Tanto los niños como las niñas, dice, necesitan la energía masculina que despierta el amor de un padre; sin él, "les faltará confianza en sí mismos y la capacidad de hacer, de llevar a cabo, de confiar en sí mismos, precisamente porque él nunca confió en ellos".

Sin embargo, este efecto es más agudo en los niños, argumenta Rohr, ya que la falta de cariño de los padres tiene su mayor efecto en el niño del mismo sexo:

Parece que no podemos ser nosotros mismos, no podemos ser nuestro propio hombre, o nuestro propio padre, hasta que no hayamos sido el niño pequeño de otra persona. Necesitamos que a él le gustemos, que nos bendiga incluso después de nuestros errores, que disfrute de nuestra compañía, que nos diga que podemos tener éxito. La separación del que es igual a nosotros (nuestro padre) es de alguna manera incluso más destructiva que la separación de quien está frente a nosotros (nuestra madre). Si, por esto, la masculinidad en sí misma no me agrada, entonces estaré siempre inseguro de la mía. Su afirmación es diez veces más importante que la de cualquier otro hombre, y de una calidad completamente diferente a la afirmación de una mujer.

Cómo se manifiesta la herida del padre

Cuando los hombres crecen sin la afirmación de un padre, terminan buscándola de otras formas. En su forma más extrema y negativa, puede manifestarse como un giro hacia la delincuencia. Esta lección la aprendió Rohr de manera conmovedora por el testimonio de una religiosa que trabajaba apostólicamente en una cárcel para hombres en Perú:

En su primer año allí describió cómo, a medida que se acercaba el Día de la Madre, los hombres de la prisión le pedían muchas tarjetas para sus madres. Llevó a la cárcel cajas y cajas de tarjetas para que los presos se las enviaran a sus mamás, y nunca parecía tener suficientes. Así que, cuando se acercaba el Día del Padre, decidió prepararse para una avalancha de solicitudes comprando una caja completa de tarjetas del Día del Padre. Pero ese caja, me dijo, todavía está esperando en el despacho. Ningún hombre le pidió una tarjeta del Día del Padre. Ni siquiera ella pudo entregarlas.

Entonces se dio cuenta, y me contó esta historia con lágrimas en los ojos, de que la mayoría de los hombres estaban en la cárcel porque no tenían padre. No es que fueran huérfanos, sino más bien porque nunca habían experimentado un padre. Nunca se habían visto a sí mismos como hijos de hombres a quienes admiraran, nunca habían experimentado una identidad profunda y segura, nunca habían recibido ese entusiasmo primordial que proviene de crecer en contacto inmediato con un hombre mayor y seguro. Y así pasaron sus vidas tratando de convertirse en hombres de formas tortuosas y destructivas. Eran hombres inseguros que debían demostrar que eran hombres, porque nunca nadie les dijo que lo eran. Su actuación negativa invariablemente se convirtió en actos de anarquía, oposición y violencia.

Los esfuerzos de los hombres que llevan una herida paterna para demostrar su valía como hombres también pueden manifestarse de formas más permitidas socialmente: en la búsqueda de la aptitud física, las conquistas sexuales, la riqueza y el estatus profesional. Estos hombres están impulsados no solo a demostrar que lo han logrado como hombres, sino también tienen un deseo subconsciente de que su padre los note, les dé una palmada en la espalda. En cierto sentido, siempre están diciendo: “¡Papá! ¡Papi! ¡Mírame!"

Tener este tipo de tendencia no siempre es algo negativo; el impulso que proporciona se puede aprovechar como fuerza animadora para conseguir buenos objetivos. Toda la carrera de Winston Churchill, por ejemplo, podría explicarse por el hecho de que nunca se sintió afirmado por un padre que le ignoraba y criticaba duramente; incluso mucho después de la muerte de su padre, cuando Churchill tenía solo 21 años, un profundo anhelo de aprobación y admiración paterna lo llevó a alcanzar las alturas del poder, y el mundo está mejor por ello.

Pero esta tendencia también puede provocar en los varones un ciclo interminable e infructuoso de búsqueda del éxito en el mundo. Un vacío creado por la falta de amor nunca puede llenarse con dinero, fama o estatus, y cuando los logros de un hombre no lo dejan sintiéndose más satisfecho, simplemente se esfuerza más y esto hace aumenta su sentimiento de vacío y desaliento. La búsqueda ansiosa de un varón de logros externos puede llevar a la ruina a otros aspectos de su vida que, si no curan la herida del padre por completo, van más allá del cuidado de su alma, incluida, irónicamente, la capacidad de ser un buen padre para sus propios hijos.

Buscando un papá

Rohr dice que en ausencia de la afirmación del padre, "toda relación masculina será de alguna manera nuestro padre no conocido, para bien o para mal".

Otra de las formas en que se manifiesta la herida del padre es la transferencia del hambre por un padre a otros hombres. Los hombres heridos buscan la aprobación y el apoyo paternos de sus amigos, entrenadores, maestros, jefes y pastores. Este anhelo de guía no es en sí mismo algo malo; de hecho, incluso los niños que tienen relaciones saludables con sus padres también necesitan otros modelos a seguir para desarrollar su masculinidad.

Pero la intensidad del anhelo de tener padre puede llevar a la formación de apegos que no son saludables. Un joven se une a una pandilla para encontrar la aprobación que anhela, aunque, como señala Rohr, es "un ejercicio inútil, chicos de diecisiete años que intentan obtener la energía paterna de otros chicos de diecisiete años". Un empleado se convierte en un "sí señor", dispuesto a hacer lo que sea necesario para complacer a su jefe. Un joven se vuelve vulnerable a las manipulaciones de un sacerdote, que le ofrece amor paternal ... mezclado con abusos.

Los hombres con una herida paterna también prestan una devoción excesiva a las figuras públicas. Buscan a personalidades en redes sociales para obtener sus órdenes de marcha, a veces llamándolos "tíos", para disfrazar la afirmación paterna que realmente buscan. Ven a los políticos como algo más que representantes electos, los consideran figuras paternas. De ahí el atractivo particular de los líderes de hombres fuertes, que realmente ejercen de papás sustitutos, figuras que ofrecen un sentido de autoridad, fuerza y seguridad paternas, que prometen devolver a un hombre el tipo de respeto sin el que creció. Los hombres prometen el tipo de adoración total y lealtad irreflexiva a tales líderes que ningún político merece. Estos devotos, observa Rohr, "harán casi cualquier cosa por la seguridad y el consuelo que les da la aprobación de 'papá'".

Por lo tanto, lidiar con la herida de un padre no es fácil; implica caminar sobre una delicada cuerda floja.

Una herida así solo puede llenarse verdaderamente con el amor del propio padre. Nada más lo solucionará, y ese hecho debe aceptarse. A menudo se dice que el tiempo cura todas las heridas, pero esto no es totalmente cierto. Las heridas simplemente se vuelven menos crudas, menos abiertas; se cierran, pero la cicatriz permanece. La dura realidad es que la herida de un padre es como una cojera, una discapacidad permanente. Pero, puede ser reconocida, tratada y mitigada, de manera que afecte mínimamente al hombre y sea casi imperceptible a medida que pasa el tiempo. Este proceso de mitigación se logra mediante la búsqueda de mentores y modelos a seguir, guías que devuelvan al hombre el mayor carácter posible.

Y, sin embargo, invertir demasiado en tales figuras paternas, puede ser perjudicial. La tutela que uno busca no puede ser demasiado arrogante, demasiado desesperada, demasiado cargada de expectativas que no se pueden cumplir y que solo conducirían a la decepción, y cosas peores.

Como Rohr recuerda de su conferencia en la catedral de Nuremberg, el mismo joven que inicialmente se puso de pie para explicar que la iglesia estaba tan llena porque Alemania estaba poblada por hombres huérfanos por la guerra, agregó otra observación a sus comentarios: “Necesitábamos tan urgentemente un padre, que, por eso, elegimos un mal padre ". "Y, por supuesto", dice Rohr, "todos sabían de quién estaba hablando".

(N del T. En Inglés hay, en la penúltima frase un juego de palabras intraducible al español: La frase literal es: we needed a father so bad that we chose a bad father. La expresión "need so bad" no significa necesitar algo malo, sino necesitar algo urgentemente. Pero en Inglés el autor aplica el sentido literal de "bad" a la elección de un mal padre. Un traducción que respetase el juego de palabras sería la siguiente: necesitábamos tan malamente un padre, que elegimos un mal padre. Pero no es correcta en nuestro idioma).

Read 5146 times Last modified on Wednesday, 03 February 2021 21:24