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Wednesday, 04 August 2021 12:17

Sobre el Motu Proprio del Papa Francisco

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He visto, en una cuenta supuestamente católica de Twitter, una gracieta sobre el Papa; era un caricatura hecha con photoshop poniendo el rostro del Papa Francisco al retrato de Martin Lutero de Lucas Cranach. Ante tal falta de respeto le mandé un twitter al autor diciendo que no había mucha diferencia entre los insultos que algunos le dedican al papa y los que le dedicó Lutero en “De Captivitate Babilonica”.

Gracias a Internet me ha sido fácil leer la introducción de este libro de Lutero, y me ha sorprendido la similitud que tienen su lenguaje y argumentos con los comentarios y artículos que corren hoy por las redes sociales y la blogosfera que se dice católica. Por otra parte, estas críticas me traen a la memoria la conversación que un sacerdote amigo mío tuvo con una feligresa suya que había dejado de ir a Misa a diario porque se celebraba según el rito posconciliar; ella solo participaba en Misa una vez a la semana siguiendo la liturgia antigua. Ante la extrañeza de mi amigo, ella le comentó: “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”, a lo que mi amigo contestó: “exactamente lo mismo que dijo Lutero”, que no reconocía la autoridad de Roma.

La razón de la abundancia en estos días de Julio de este tipo de comentarios ha sido la publicación del Motu Propio de Papa Traditionis Custodes en el que se regula la celebración de la Eucaristía según el rito anterior al Concilio Vaticano II. Esta histeria colectiva que se ha desatado me ha confirmado que hay un problema real, que el Papa ha querido atajar.

No tengo nada contra quienes siguen el vetus ordo por sensibilidad litúrgica. Es más, me parece loable esta forma litúrgica, lo mismo que la mozárabe, las diversas formas orientales, el modo de celebrar de las Comunidades neocateumenales, y por supuesto la actual forma de la liturgia latina y todas las demás que me dejo en el tintero.

Ahora bien, el Papa quiere distinguir entre quienes celebran el vetus ordo por sensibilidad litúrgica y quienes lo celebran por otras razones no válidas como por ejemplo el rechazo del Concilio Vaticano II o de su reforma litúrgica. Yo creo que es real el rechazo al Concilio cuando hay grupos que exclusivamente celebran según el vetus ordo, grupos que causan confusión. Repito, no tengo nada contra este forma litúrgica, es más, la aprecio profundamente cuando se celebra con rectitud de intención y en comunión con la Iglesia, comunión que excluye insultos y juicios temerarios.

Pero también he de decir que he encontrado pocas personas que tengan esta actitud; ya me he referido a los insultos que veo en Internet. Algunas personas que me han pedido celebrar ad orientem venían con velo a Misa; veo que alguna persona ha dejado de comulgar porque yo celebro toda la misa con mascarilla; uno que me pidió celebrar ad orientem no sabía donde estaba el oriente y no había caído en la cuenta de que la parroquia estaba orientada al norte; y otro que me pidió celebrar la Misa tradicional le comenté que si pensaba que la Misa que yo celebraba no era tradicional, tenía un problema.

Los errores que creo que hay de fondo.

Limitar la Misa tradicional a la Misa según el vetus ordo es un grave error. La tradición es la transmisión de la revelación hecha por cristo quedó cerrada con la muerte del último apóstol. La tradición en sentido teológico, no incluye a los ritos; pues estos evolucionan (cambian) a lo largo de la historia, y el contenido de la tradición no. Por poner un ejemplo, Cristo instituyó la Eucaristía en una sala en la que había divanes, lo cual nos indica la postura corporal que tuvieron él y sus apóstoles. Y dio la comunión diciendo: “tomad y comed” lo que indica que la dio en la mano a sus discípulos, ciertamente no de rodillas y en la boca. Y usó la lengua vernácula. Lo “tradicional” es lo esencial en la Eucaristía, que está limitado a la materia y forma del sacramento, y no a su acompañamiento ritual. Así pues, todas las formas aprobadas por la Iglesia son tradicionales, por lo que no se debe usar esta expresión para referirse de modo exclusivo a una de ellas.

Tampoco creo la liturgia antigua sea la respuesta que hay que dar ante los abusos litúrgicos tras la crisis posconciliar y los graves abusos litúrgicos que se dieron. En mis primeros años de estancia en USA me ofrecí para celebrar la Misa en latín según el rito de Pablo VI a petición de un grupo de fieles y comprobé con sorpresa que no sabían latín y que seguían la seguían con misales en inglés. ¿No es un tanto absurdo? Los apóstoles entendieron a Jesús cuando pronunció las palabras de la consagración; ¿qué sentido tiene no entenderlas?

Esta última cuestión se la planteó el Concilio de Trento que para defender que la eficacia de la Eucaristía dependía sino exclusivamente de Cristo, y no, por citar un ejemplo, de la lengua en que se celebrase, mandó seguir celebrando en latín. La actual ordenación del Misa Romano lo cita y justifica de esta manera que sea mejor celebrar en lengua vernácula:

11. El Concilio Tridentino ya había reconocido el gran valor catequético contenido en la celebración de la Misa, pero no le fue posible deducir todas las consecuencias prácticas. De hecho, muchos solicitaban que se permitiera el uso de la lengua vernácula en la celebración del sacrificio eucarístico. Pero el Concilio, teniendo en cuenta las circunstancias que se daban en aquellos momentos, juzgó que era su deber inculcar nuevamente la doctrina tradicional de la Iglesia, según la cual el sacrificio eucarístico es, ante todo, acción de Cristo mismo, del cual, por tanto, no se ve afectada su eficacia propia por el modo como de él participan los fieles. En consecuencia, se expresó con estas palabras, a la vez firmes y moderadas: “Aunque la Misa contiene gran materia de instrucción para el pueblo fiel, sin embargo, no pareció conveniente a los Padres que, como norma general, se celebrara en lengua vernácula”. Y declaró que debía ser condenado quien juzgara que “debe reprobarse el rito de la Iglesia romana por el que se pronuncia en voz baja la parte del Canon y las palabras de la consagración, o que la Misa deba ser celebrada sólo en lengua vulgar”. Sin embargo, si por una parte prohibió el uso de la lengua vernácula en la Misa, por otra parte, mandaba que los pastores de almas lo suplieran con una conveniente catequesis: “para que las ovejas de Cristo no padezcan hambre... el santo Sínodo manda a los pastores y a cuantos tienen cura de almas que frecuentemente en la celebración de la Misa, por sí mismos, o por medio de otros, expliquen algo de lo que se lee en la Misa, y que, por lo demás, expliquen algún misterio de este santísimo sacrificio, principalmente en los domingos y en los días festivos”.

Por todo esto, gracias, Santo Padre por el Motu Proprio.

 

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P. Javier

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