Formación

Temas de actualidad sobre los que el católico debe tener una opinión. Normalmente los artículos que s epublican en el boletín de la parroquia.

Mi relación con la filosofía es una historia de amor-odio; al principio de vida intelectual la odiaba con todos mis sentidos, pues por la formación ingenieril-científica que tenía antes de entrar en el Seminario, la consideraba pueril y una pérdida de tiempo. Tanto es así, que cuando entré en le Seminario y tuve mi primer examen de historia de la filosofía, me lleve a casa un hermosísimo suspenso, por cierto bien merecido. Me cayó en aquel examen el Alma en Platón, y no tenía ni idea de que iba el asunto. Como sería la debacle que todavía me acuerdo. Quizá tampoco estaba preparado en aquella época para entenderlo, pero mi desprecio inicial por Platón se ha convertido a lo largo del tiempo en aprecio, pues ahora es una de las fuentes de mi vida intelectual. No en vano es uno de los pilares de la civilización occidental, y rechazarlo es suicida.

Dos acontecimientos de la vida pública han llamado mi atención esta semana pasada: la honda crisis de la derecha conservadora por alejarse del humanismo cristiano y el fallecimiento de Alfredo Pérez Rubalcaba, por cuyo descanso eterno y el perdón de sus pecados he rezado, como pido que hagan en mi fallecimiento.

No voy a escribir sobre las elecciones. Yo, por lo menos, ya he tenido bastante, y cuando esto se publique ya habré votado. Quiero hacer una reflexión sobre la intransigencia que veo últimamente y que palpo en la información católica de Internet.