Martes, 02 Junio 2020 18:58

Para animarse a leer san Ireneo

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Una vez estuve buscando ideas para hacer un boletín parroquial; las busqué en webs y parroquias de estados unidos, pues tengo querencia hacia este país. No sé si me equivoco en la apreciación, pero me da la impresión de que son geniales en comunicación, y esto influye también en la comunicación parroquial. Una de las cosas que decían es que nunca debía faltar la palabra del pastor, pues es el teólogo de la parroquia, y le animaban a escribir en profundidad de teología.

Espero estar a la altura, aunque no sé si las famosas 500 palabras lo consiguen. He querido que el boletín de santa Elena tenga cierto nivel de reflexión. Pienso que una de las causas remotas de la crisis de la sociedad es el cambio educativo que se dio hace 40 años o más, y que menospreció el estudio de las humanidades desde el latín hasta la filosofía pasando por la historia. Yo soy una víctima de ello, pues no he re tomado el estudio de la filosofía e historia hasta tarde en la vida, pues pensaba que la ciencia era la explicación última de la realidad, ¡ah, el cientifismo!
Y hoy quiero hablar de un tema de teología del que recuerdo hablar a uno de mis mejores maestros en Roma; el padre Orbe.
Orbe era un gran teólogo, especialista en un santo padre de la Iglesia Antigua llamado san Ireneo. Dedicó toda su vida su estudio y era un gran apasionado de él. Tenía una hermana religiosa, era una de esas vocaciones vascas que tanta gloria dieron a Dios en la Compañía de Jesús. Sus libros son de no fácil lectura y el doctorado con él solo lo podían hacer los mejores por lo exigente que era. Era un auténtico maestro. Uno de sus grandes discípulos fue D. Eugenio Romero Pose, obispo auxiliar que fue de Madrid con d. Antonio Mª Rouco. D. Eugenio, gracias a Orbe era un apasionado de san Ireneo y muchos sacerdotes de Madrid descubrieron a san Ireneo gracias a él y otro profesor de san Dámaso, Juan José Ayán, este último laico.
De los recuerdos que tengo de Orbe era su comparación entre Orígenes y San Ireneo. Ésta se puede leer en el libro que tiene en la BAC, Espiritualidad de san Ireneo. Todos sus alumnos deseábamos que llegase a la conclusión que exponía la final de la clase, y que más adelante mencionaré.
Si escribo sobre estas cosas es porque muchas veces las opciones intelectuales que tomamos tienen mucha influencia en nuestra vida espiritual. El hecho de que tengamos vida espiritual seria o no, es por una opción intelectual previa, aunque no solo por esto. Si Dios nos importa poco, una de las razones quizá sea porque pensemos de él que es lejano, que no le importamos, o que somos un apéndice sin importancia. Unamos a esto una concepción de libertad autónoma y tenemos sentadas las bases de la secularización actual y de la crisis de la sociedad. Desconozcamos la Trinidad y no tendremos vida espiritual.
Y el hecho de que nuestra vida espiritual siga unos u otros derroteros también depende de opciones intelectuales. Orbe comparaba a san Ireneo con los gnósticos (en concreto los valentinianos) y con Orígenes, teólogo católico influenciado por el platonismo. Y nos sonreíamos porque sacaba una conclusión bastante simple (después de unas lecciones bastante difíciles de seguir). Decía, Orígenes, platónico distinguía dos mundos, el mundo del intelecto y el mundo sensible-material. Valentín distinguía tres, por cierto. E Ireneo sólo admitía un mundo creado por Dios. De aquí venía la conclusión comparando espiritualidades que todavía no menciono.
Esto, que nos puede parecer una disquisición bizantina, no lo es tanto. Orígenes tuvo una gran influencia en la historia de la Iglesia, pero también con él entró un cierto platonismo, y de él una espiritualidad. Y Orbe entraba a saco cuando llegaba el tema; su querido san Ireneo, decía, es padre de una corriente espiritual. Ahí ponía él, a san Ignacio de Loyola; y, criticándole, pues no admitía su platonismo, Orígenes era padre de otra corriente espiritual. Esta última desprecia lo material y cree necesario liberarse de la materia. La primera no, tiene un concepto positivo de la misma y de la creación. Como era el final del curso que impartía en la Gregoriana, él siempre terminaba con esta idea. Era un santo varón, y estoy seguro de que añadiría todas las precisiones que faltan sobre el pecado y la redención.
Termino. Es necesario profundizar. La otra opción es la superficialidad en la vida espiritual que lleva la mundanidad. Una vida espiritual seria es fuente de alegría y de paz profunda, y de crecimiento, pues la redención sana nuestra naturaleza y la perfecciona. Cuesta estudiar, pero merece la pena.

Visto 123 veces Modificado por última vez en Martes, 02 Junio 2020 19:20