Friday, 08 January 2021 16:52

Sobre el asalto al Capitolio

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Lo que hemos visto en el Capitolio hace unos días nos ha dejado a todos pasmados. Y, sin embargo, era de esperar. He leído varios artículos sobre el tema, principalmente de pensadores católicos de habla inglesa, y también de la prensa española. Considero importante reflexionar sobre el tema, pues esta sociedad nos influye, formamos parte de ella, es nuestra sociedad, y por ello, queremos hacerla más justa y transformarla según el Evangelio. Como parte de la Iglesia, y por mi responsabilidad de párroco, no puedo estar al margen de estos temas que, de un amanera u otra, dan forma a las personas a las que se dirige nuestro ministerio sacerdotal.

Una de mis fuentes reflexionaba sobre los inicios remotos de este fenómeno, que, no olvidemos, ha causado cinco muertes, ha herido a catorce policías y ha tenido otros efectos colaterales importantes, seguramente contrarios a lo que pretendían defender esos malos patriotas. Esta fuente decía que, el origen remoto está en los movimientos contraculturales de los años 60; como buen americano, recordaba que los 60 fueron los años de la lucha por la igualdad de Martin Luther King, lucha no violenta y esquisitamente democrática. Pero también, añadía, fueron los años del auge de los anticonceptivos que provocaron la revolución sexual, los años del movimiento hippie, del consumo de las drogas, y del largo etcétera que vino después. Por una parte, un cambio de costumbres, por otra, la implantación del modo de pensar posmoderno (¿lo þomemos llamar así?) que se vio favorecida por el crecimiento exponencial de la televisión, internet, redes sociales, por citar los factores principales que forman la cultura actual. Esta invasión de información no ha desarrollado un sano espíritu crítico, más bien lo ha hecho imposible, salvo contadas excepciones que osan tener la libertad de pensar. ¿Donde está en nuestros días ese aude sapere con el que empezó todo este movimiento? ¿Puede haber democracia sin sentido crítico en el pueblo? No parecía ser la característica de los invasores.

Así, esa vieja cultura americana de Frank Capra y similares, ¿quién no se emociona ante Qué bello es vivir?, ha dado lugar a la ¿cultura? americana actual, conocida por todos. Y así, Estados Unidos, una nación con vocación de liderazgo moral en lo secular, poco a poso ha ido evolucionando hacia lo que es hoy en día, evolución acelerada por las políticas culturales de los últimos presidentes del partido demócrata, y no parada por los del republicano. Esto indica que la cultura la crean los medios, no los políticos. Quien quiera más detalles del proceso puede leer The Closing of the American Mind, libro que recomiendo.

Muchos católicos vieron la llegada de Trump como una oportunidad de recuperar el liderazgo en temas morales, y sobre todo de cambiar lo que está en la raíz del cambio, que es la que se reconozca el derecho a la vida. Es cierto, y es de agradecer, que con Trump, el movimiento provida ha sido fortalecido, y se han dado pasos para que el derecho a la vida de los no nacidos sea reconocido, y la aberración del aborto no sea considerada un derecho. Y este punto moral es crucial para la sociedad, pues está en la base de la crisis cultural actual. Cuando una sociedad considera un derecho matar a sus crías, poco se puede esperar de ella.

Ahora bien, creo que es razonable pensar que las personas que Trump atrajo al Capitolio, decenas de miles según la policía, cientos de miles, según su estimación, no eran precisamente personas con cultura, más bien del ala “contracultural”, por lo que hemos podido ver. Y no nos hagamos ilusiones, pues es indiferente que la “contracultura” sea de izquierdas o de derechas”; en ambos casos, la antropología subyacente es la misma. Parecián más miembros de una secta loca que de la América moral que todos envidiamos. Trump se portaba más como Jim Jones o Ted Koresh, que como alguien con la responsabilidad que ante sus ciudadanos y el mundo debe tener el presidente de los Estados Unidos de América. Y no ha sido la única vez que ha actuado así. Lo que vimos tampoco se distingue mucho del BLM. ¿No será también Trump parte de la contracultura, u nfenómeno posmoderno? Creo que no es descabellado verle como una síntesis entre posmodernidad y capitalismo salvaje, ya que la posmodernidad acepta todo menos la verdad; puede aceptar a tipos como Trump. Y la pregunta que me hago es si podemos tenerlos como aliados.

Por eso, entre los perdedores de lo que ha pasado en el Capitolio está el movimiento pro vida. Conociendo Estados Unidos y la fuerza de los católicos allí, que siempre han sido unos grandes luchadores y tienen una gran potencia intelectual para esta lucha, confío en que se recuperará, y aprendamos la lección tras el asalto al Capitolio.

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