Domingo, 23 Febrero 2020 10:19

Por sus frutos los conoceréis (a los nuevos monjes seculares)

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Cuando uno se acerca a los antiguos anacoretas, se asusta un poco. Una comida escasísima, pocas horas de sueño, largas horas de oración, y por supuesto, el agua caliente ni tocarla…. Ahora bien, eran personas muy equilibradas, con un gran sentido del humor, y una gran caridad hacia todo el que trataba con ellas. En nuestros días, me he encontrado con un anacoreta parecido. Se llama Jack Dorsey, y todos los días se levanta a las 5 de la mañana; desayuna un zumo de limón; hace una hora de meditación, y otra hora por la tarde; además se baña en agua helada. Ayuna los fines de semana,

solo bebiendo agua, práctica que también hacían los padres del desierto; es decir vive como un anacoreta en pleno Silicon Valley. Es Director General (CEO en término modernos) de una empresa conocida, Twitter y lleva este género de vida. El artículo de donde extraigo los datos, lo titula: monjes seculares. Jack fue católico, y abandonó una fe que quizá no tuviese, para llevar este tipo de vida, que no se distingue mucho de la de los viejos anacoretas, ¿o sí?
A cualquier lector católico no se le escaparán las diferencias entre los anacoretas y estos monjes secularizados. La primera, de donde parten todas las demás, es la fe. Los monjes adoraban a Dios y querían contemplarle, y por ello, la finalidad de su fortísma ascesis era coronar su vida con la virtud de la caridad, viviendo el éxtasis en la oración. Uno no puede llegar a la unión con Dios a no ser después del combate espiritual contra el demonio, usando la terminología antigua que no está de más recordar al principio de la Cuaresma.
Pero esta no es la finalidad de estos monjes secularizados de nuestros días, pues su ascesis no parte de la fe, ni puede llevar a ella, pues no puede tener una relación de caridad con Dios quien no cree en un Dios personal. La nueva tendencia cultural que se está dando con gran fuerza en Estados unidos es la de afirmar que uno es espiritual, pero no religioso. Esto significa que en esta nueva corriente tipo New Age, no hay ritos, porque quienes participan de ella no creen en un Dios personal al que se puedan dirigir sus oraciones, adoración y alabanza. Solo queda una vaga espiritualidad que, y esto es reflexión mía, indica que el hombre tiene sed de Dios, porque este le ha creado, y que si no admite un Creador, por las implicaciones que esto tiene, lo tapa postulando de una espiritualidad sin religión, para poder vivir tranquilo. Vamos, que el materialismo, ni convence, ni llena.
Ahora bien, lo más lejos que podrán llegar estos monjes seculares con esta vida de ascesis es al viejo estoicismo. A mi nunca me ha atraído, pues la virtud por la virtud, me recuerda al imperativo categórico de Kant, que en el fondo puede llevar a un rigorismo brutal. En el catolicismo, la virtud por excelencia es la caridad, y es la que anima a las demás virtudes, que si no brotan de ella, no pueden hacer feliz al hombre.
Termino. Twitter ha brotado de este asceta moderno. La cerveza, invención babilónica, fue perfeccionada por los monasterios trapenses. ¿Existe alguna relación entre los frutos y la fe de los fundadores? Yo creo que sí.
P. Javier, párroco

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