Sábado, 29 Febrero 2020 17:58

Logos y cordura

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Uno de los temas de los que suelo escribir es sobre las relaciones entre razón y fe. Tema apasionante, que tiene su fundamento en un principio católico im­prescindible que es la relación entre lo natural y lo sobrenatural. Nuestra civilización occidental se basa en el equilibrio entre estas dos realidades, y yo suelo afirmar, que no puede existir una sin la otra. En frase de santo Tomás, la gracia no destruye la naturaleza, sino que la supone y la perfecciona.


Creo que en nuestros días estamos empezando a ver las consecuencias de la ruptura de este equilibrio. Ha sido un proceso largo, quizás con crecimiento exponencial por la globalización de las comunicaciones, y la entrada de las redes sociales en el campo de juego. El equilibrio se rompió con la secularización de la razón en la Ilustración. En la Edad Media se distinguía perfectamente cuál era el ámbito de la razón y el ámbito de la fe, y no hace falta más que leer a santo Tomás o a otros grandes para comprobarlo. Esto solo lo pueden negar personas ignorantes que no han leído a los grandes medievales y se atrevan a opinar sobre ellos. Había razón, pero estaba abierta a la fe, estaba abierta a una explicación superior a si misma, en la que se fundaba. Pero, en la Ilustración se cerró la razón a la fe, o lo que es lo mismo, la negó. Se secularizó la razón, al absolutizarse; Y después de la Ilustración no solo no había lugar para Dios, sino que tampoco había lugar para nada que no fuera producto de la razón misma, algo que se le impusiese desde fuera. Quien haya leído el diálogo de Ratzinger con Habermas reconocerá en lo que digo la negación que este último hace de la ley natural, y la dificultad que tiene para fundar la política en un orden objetivo.
Por esto, no es una locura afirmar que con la Ilustración cayó el Logos, fundamento de la sociedad occidental, aunque muy pocos se dieron cuenta de ello. El Logos no es la razón de los racionalistas; Habría que leer Antígona para darse cuenta de ello.
Los últimos 30 años han visto caer a la razón, y esta caída se ha hecho sistema. Nuestra sociedad no acepta nada objetivo, y no estamos en una democracia, sino en una dictadura, la dictadura del relativismo. Se impone que no existe razón. Y además la imposición cuaja, pues el terreno está abonado por la incultura imperante. Recuerdo que debajo de casa en los años 70 y principios de los 80 había una librearía de filosofía, donde se podía comprar los libros de la editorial Gredos, los clásicos, también tratados de metafísica, filosofía contemporánea, etc. Hace años que fue sustituida por un bar. La sección de libros y ao está en el Hall de entrada de El Corte Inglés. Ha sido sustituida por las tablets.
He visto algún intento para recuperar la razón, y con ella, los fundamentos de Occidente, que viene del ámbito, llamémoslo progre, que propone una interpretación laica de los principios judeo-cristianos para que Occidente no se deshaga. No caigamos en la trampa; es vana y contradictoria. Solo una conversión a Dios y una vuelta a una razón abierta a Él salvará Occidente. P. Javier, párroco

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