Saturday, 27 February 2021 23:38

La vida de Carlota Nobile

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(Roma, 20 de diciembre de 1988 – Benevento, 16 de julio de 2013).


Fue una historiadora del arte, violinista, escritora y bloguera italiana.
Personalidad polifacética de artista y estudiosa, entre los más populares jóvenes violinistas italianos de su tiempo.


En octubre de 2011, a los 22 años, se le diagnosticó un melanoma: La reacción inicial es de rabia ante lo que se percibe como un error irracional e injusto del destino, frente a una vida siempre dedicada al estudio y la autodisciplina. En pocas semanas, sin embargo, como la propia Carlota confió a sus seres queridos, su estado de ánimo pasó de la pregunta airada de “¿Por qué a mí?” a la de “¿Por qué no a
mí?”, ante la constatación del sufrimiento de los demás, especialmente de los niños con la misma enfermedad que ella.

Afronta todos los tratamientos posibles y se somete a diversas intervenciones quirúrgicas, mientras continúa en paralelo con su carrera musical y artística, a menudo alternando hospitales y conciertos. Sandro Cappelletto escribió de ella en el diario La Stampa: «Cuanto más duro era el tratamiento y empeoraba el diagnóstico, más se convertía su música en una forma de rebeldía a su destino, a su vida real, sin perder ni un ápice de calidad».
En abril de 2012 abre la página de Facebook “Il Cancro e Poi_” (“El cáncer y después”) y en agosto crea también la página web ilcancroepoi.com, - anónimas porque, como escribió a una amiga a seis meses de su muerte: «odio sentirme compadecida, odio a los que me consideran debilitada, nunca me he sentido tan fuerte. Y puedo vivir cien años o diez, pero amo mi vida ahora más de lo que nunca 14la amé. Y no quiero que el cáncer me detenga. De ninguna manera. Sólo quiero que me haga crecer, sólo quiero que me forme» - subrayando con este gesto su disponibilidad artística y humana, generosa con quienes piden palabras y consuelo (“Me encanta comunicar - escribe -. Lo hago desde los 4 años con el violín, luego he empezado a hacerlo también con las palabras”). Con ello da vida a una comunidad de miles de personas marcadas como ella por el dolor y la fragilidad física, que se reconocen en sus pensamientos y reflexiones encontrando apoyo y ayuda moral. Su “lectura” de la enfermedad es particular, diferente a todas las que normalmente circulan por la web: la suya no es tanto una mirada a los síntomas y tratamientos, como un “camino” interior de profundización y “cuidado” de uno mismo, que nace de un análisis frío y lúcido de los efectos y las reacciones profundas que la patología, tan grave y difícil, desencadena en la psique de quienes tienen que enfrentarse a ella. «No sé siquiera cuántos centímetros de cicatrices quirúrgicas tengo. Pero los quiero todos, uno por uno, cada centímetro de piel grabada que nunca va a ser curada.
Estos van a ser los puntos de injerto de mis alas».
(Carlota Nobile, Il Cancro E Poi_)
La personalidad y naturaleza de Carlota siempre han sido compleja, polifacética y atormentada desde que era una niña. De todos sus escritos se desprende una visión dramática de la vida y de su existencia; su extraordinario, aunque muy corto, camino de crecimiento, dominado en los últimos años por el cáncer, le permitió domar la agitación interior que la caracterizaba y guiarla hacia la Luz. De hecho, la conciencia del coraje y la lucha nace primero como una construcción “laica”, como un sentimiento forjado por la educación y la cultura, y luego - tres meses antes de su muerte - se convierte en una inesperada “recuperación” religiosa en la óptica de un abandono total a la Fe, vivida como fuente de serenidad durante mucho tiempo y siempre perseguida y buscada en vano. Hasta marzo de 2013 su
religiosidad está aún poco caracterizada, alimentada por la doctrina inculcada por la familia mientras crecía, pero poco desarrollada y todavía latente a su ulterior progreso; suele ocurrir que una chica de 24 años -por lo demás músico y amante del arte- dirija su espiritualidad hacia el Infinito sin demasiadas preguntas, sin demasiados interrogantes. Su madre vive esta falta de profundización como una preocupación; está segura de que, si Carlota se volviera con total abandono a la religión, obtendría un gran consuelo en esta terrible batalla suya. A partir del 4 de marzo, Carlota - de repente, al despertar de una crisis cerebral - recibe la Gracia y el don de la Fe, una Fe férrea y muy intensa en Nuestro Señor Jesucristo y en la obediencia a su Santa Iglesia, capaz de orientar hacia el Trascendente sus conquistas interiores y el dominio sobre la enfermedad y sobre su fragilidad humana conquistada con tanto esfuerzo y disciplina. Es como si se le hubiera concedido un premio, por una forma de afrontar un destino terrible con dignidad y coraje, abriéndose a los demás y regalando siempre -en todas las circunstancias- una sonrisa, amor, esperanza y confianza; es como si ese resultado de la más alta aceptación de la Cruz, conquistado al principio “laicamente”, hubiera sido de repente bendecido por el milagro de la Gracia y transformado por ella en una gozosa sublimación del dolor. Y será “gozosa sublimación del dolor” hasta el final, para esos tres meses y medio que quedan.
Durante los últimos meses de su vida, Carlota vive una profunda experiencia de Fe, originada repentinamente el 4 de marzo de 2013 al despertar de una crisis que la llevó al Hospital de Milán por unos días. Este hecho, percibido como una iluminación, lo cuenta Carlota misma en su blog anónimo sobre el cáncer, en el que será su último post antes de su muerte. «Estoy curada en mi alma. En un instante, en un día cualquiera, al despertarme de una crisis. Abrí los ojos y ya era otra persona. Esto es el milagro»
(Carlota Nobile, Il Cancro E Poi_, 5 de abril de 2013)


Continúa Carlota en el post antes mencionado:
«Y en un instante comprendes que fue ese cáncer el que SANÓ TU ALMA, el que devolvió el orden a la verdadera esencialidad de tu vida, el que te devolvió la Fe, la esperanza, la confianza, el abandono,
la conciencia de que te has convertido finalmente en quien habías hecho todo lo posible por ser durante toda una vida y nunca lo habías sido: ¡una mujer SERENA! Comprendes que fue el cáncer el que finalmente te permitió quererte a ti misma de forma incondicional, con todas tus virtudes y todos tus límites, a disfrutar de cada pequeño momento, a saborear cada instante, cada olor, cada sabor, cada sentimiento, cada palabra, cada acción, cada pequeño fragmento de infinito condensado en un sencillo y precioso momento. Entiendes que fue el cáncer, con su tormento, con su agresividad, con su dureza lo que finalmente te ha llevado a la LUZ».
(Carlota Nobile, Il Cancro E Poi_, 5 de abril de 2013)
Escribió a su madre: «Hay un diseño más grande. Todo esto tiene un significado único y estoy orgulloso de poder crecer así y vivir esto. ¡Y qué maravilloso que me ha llegado la fe! ¿Qué podría hacer sin ella? ¡Qué vida tan vil! ¡Qué vida tan árida sin fe! ¡Sin confianza y abandono en Dios! ¡Quiero ir a Medjugorje este verano! En fin, este rosario es una maravilla, ni siquiera lo veo en la oscuridad, lo tengo en la mano y rezo desde hace una hora. Me da una paz interior... ¡no hay palabras! Porque ahora FINALMENTE estoy sana donde no lo había estado desde hace dos años, es decir, DENTRO, ¡en mi alma! Todo irá bien, porque estamos en Sus manos, y en las manos de Dios no puede sino andar todo bien... ¡es demasiado hermosa esta serenidad!».
Su espiritualidad se inspiró considerablemente en la predicación del Papa Francisco y su invitación a los jóvenes a llevar la Cruz con alegría (homilía del 24 de marzo de 2013).
El Viernes Santo de 2013, Carlota, deseosa de confesarse, buscaba en el centro de Roma una iglesia que no estuviera cerrada a pesar de la hora del almuerzo. La única que permanecía abierta era la  Iglesia de San Giacomo en Augusta, en la Vía del Corso. Aquí Carlota conoció al párroco Don Giuseppe Trappolini, a quien, durante una conmovedora conversación en la que Carlota -según relató Don Giuseppe- lloró «por la Alegría», le contó su historia, la lucha contra el melanoma y la serenidad que experimentó al escuchar las palabras del Papa Francisco. Al párroco le llamó mucho la atención la coincidencia de que el día anterior había sido invitado, junto con otros párrocos de Roma, a almorzar con el Papa, y, en esa ocasión, el Santo Padre había instado a los presentes a mantener las iglesias abiertas durante todo el Viernes Santo para que cualquiera pudiera confesarse. Don Giuseppe decide entonces contarle al Pontífice por carta la historia de Carlota, y el Papa, con la espontaneidad que le distingue, le telefonea a la parroquia para darle las gracias y asegurar su oración por ella. «Esta chica me da coraje» dijo. Justo en ese momento Carlota una crisis cerebral en el hospital de Carrara y, tras recuperar el conocimiento, tuvo una aparición trinitaria: tumbada en la cama de su habitación, vio un triángulo de luz en la pared.
Carlota, feliz, escribió entonces al Papa:
«Querido Papa Francisco,
Tú has cambiado mi vida.
Me siento honrada y bendecida de poder llevar la Cruz con Alegría a los 24 años. Sé que el cáncer ha curado mi alma, desatando todos mis nudos interiores y regalándome la Fe, la Confianza, el  Abandono y una Serenidad inmensa justo en el momento de mayor gravedad de mi enfermedad. Confío en el Señor y, en mi camino difícil y turbulento, reconozco siempre Su ayuda.
Querido Papa Francisco: Tú has cambiado mi vida. Quisiera preguntarte algo... Tengo un inmenso deseo de encontrarte, aunque sea por un momento,
¡Rezar junto a Ti el “Padre Nuestro”!
“Danos hoy nuestro pan de cada día” y “Líbranos del mal”. Amén.
¡Encomiendo este sueño mío a Don Giuseppe y confío en Dios!
Ruega por mí, Santo Padre. Rezo por Ti todos los días.
Carlota»
(Carlota Nobile, Carta al Papa Francisco, 12 de abril de 2013)
A través de Don Trappolini, Carlota estuvo a punto de ver hecho realidad el encuentro con el Papa, pero en mayo de 2013 su estado empeoró, por lo que regresó a Benevento, donde pasó sus últimos
tres meses en la casa familiar, los más dolorosos, durante los cuales se dedicó a la oración, en un paradójico estado de total confianza, aceptación y gratitud a Dios.
Aunque sus dolores eran indecibles, aunque las metástasis y las heridas torturaban cada vez más su cuerpo, Carlota, ante los ojos atónitos de su familia, vivía un paradójico estado de gracia, de sonrisa,
de gratitud y de serenidad, sin quejarse nunca, en la oración, sobre todo del Padre Nuestro y del Santo Rosario. El padre capuchino Giampiero Canelli la escuchó en su última Confesión: «¡Casi fue ella
quien me animó!», contó. En los primeros días de julio, Carlota le dijo a su hermano: «He ganado la Fe, no la fe de las letanías ni de cualquier otra cosa, sino la fe de confiarme al Padre».
En esos días dijo que vio una escena que, angustiada, le costaba describir y que sus padres confundieron con un sueño: «Tú estabas allí. Tú no estabas allí. Tú tampoco. Tú sí», dijo uno a uno
a las personas que la cuidaban. Unos días más tarde, en el momento de su muerte, los diversos seres queridos estaban presentes y ausentes exactamente como ella había anunciado. El 14 de julio, Carlota dijo a su familia: «¡Se acabó!», pero siguió sonriendo y dando gracias a Dios.
En la última noche de su vida, la del 14 al 15 de julio de 2013, su padre se despertó por las siguientes palabras de Carlota, susurradas repetidamente en tono sereno y mirando hacia el techo:
«Gracias, Señor. Gracias, Señor. Gracias, Señor».
Al día siguiente, a pocas horas de su muerte, dirigió con dificultad a sus seres queridos su último adiós:
«Mis tres maravillosos hombres: papá, Fanfy y Mateo. Mi dulce mamá. ¿Qué más quiero? Me siento afortunada».
Tras dos años de batalla, Carlota murió a la temprana edad de 24 años, al despuntar del 16 de julio de 2013, día de Nuestra Señora del Carmen.
https://www.carlottanobile.it/
http://www.synod.va/content/synod2018/it/giovani-testimoni/carlotta-nobili--il-violino--la-malattia--e-
limmensa-gioia-per-l.html

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