Sábado, 13 Junio 2020 16:24

Santa Elena (des)embarcando la Santa Cruz

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En la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando se conserva un dibujo, probablemente italiano del siglo XVI, de autor anónimo, en el que el artista representa el momento en el que se está embarcando o desembarcando – es complicado decir de qué momento se trata- la Santa Cruz. Santa Elena, perfectamente reconocible porque lleva corona, está acompañada por varias personas, entre ellas un Obispo, que no puede ser otro que Demetrio.

La escena es interesante, aunque por lo que sabemos por diversas fuentes, no es rigurosamente histórica, sino más bien una interpretación del artista renacentista de ellas.
Creo que es posible que esta escena esté recogiendo el momento en que Santa Elena embarca en Jerusalén de retorno a Roma, según recoge Sócrates el Escolástico en el siglo V, quien refiere una piadosa tradición que narra que durante la travesía la Santa logró calmar una tempestad introduciendo en el mar, atado a una cuerda, uno de los clavos de la pasión que llevaba consigo.

Lo que sabemos es que Santa Elena, ya entrada en años, sintió un fuerte anhelo en su espíritu por poder encontrar la Santa Cruz. Sus primeras indagaciones fueron infructuosas. Pero hacia 327, una vez que su hijo Constantino se erigió en único emperador romano, pudo viajar a Tierra Santa. Según relatan fuentes bastante fiables (Crisóstomo, Ambrosio, Paulino de Nola y Sulpicio Severo), especialmente Eusebio de Cesarea en su Vita Constantini, Santa Elena llevó a cabo varias pesquisas que le llevaron finalmente a encontrar la anhelada Cruz en la que murió nuestro Señor, además de las otras dos, y lo que es aún más importante la tablilla de madera (titulus) que Pilatos mandó colocar en lo alto de la cruz escrita en latín, griego y hebreo, tal y como se especifica además en los Evangelios. Esta era la prueba que, desde luego, más credibilidad daba a su hallazgo. Según hemos visto, también halló los tres santos clavos. Todo ello llegó a la residencia de Santa Elena en Roma, sobre la que se construyó la actual Basílica de la Santa Cruz en Jerusalén, en la que se conservan aun dichas reliquias de la pasión. No obstante, las fuentes señalan que la Santa Cruz fue dividida en varias partes, una quedó en Jerusalén, donde se erigió también otra Basílica, otra fue remitida a Constantinopla y otra, como hemos visto, fue a Roma. La devoción por la Santa Cruz fue inmediata, según nos lo atestigua Egeria, una mujer que estuvo en los santos lugares a finales del siglo IV. Como Arqueólogo que soy (aunque ahora mismo un poco menos) me siento fascinado por la preciosa historia de nuestra Santa patrona.

Jorge Maier Allende

Enlace a la Real Academia de san Fernando

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