Saturday, 27 February 2021 23:28

¿Cómo confesarse?

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En el momento en que te presentas como penitente, el sacerdote te da una cálida bienvenida y te dirige palabras de aliento. Él hace presente al Señor misericordioso.
Junto con el sacerdote haz la señal de la cruz diciendo:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

El sacerdote te invita a tener confianza en Dios, con estas palabras u otras similares:
Te reciba con bondad el Señor Jesús,
que ha venido a llamar y a salvar a los pecadores.
Confía en él.


El sacerdote, según la ocasión, lee o recita de memoria un texto de la Sagrada Escritura en el que se habla de la misericordia de Dios y dirige al penitente una invitación a la conversión.


Rm 5, 8-9 Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros. ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvados del castigo!


En este momento, puedes confesar tus pecados. Si es necesario, el sacerdote te ayuda, haciéndote preguntas y ofreciéndote consejos apropiados. El sacerdote invita al penitente a manifestar
arrepentimiento, recitando el acto de contrición o alguna otra fórmula similar, por ejemplo:

Padre, he pecado contra ti;
ya no merezco llamarme hijo tuyo.

Ten compasión de este pecador. (Lc 15,18; 18,13)

El sacerdote, extendiendo las manos (o, al menos, la mano derecha) sobre la cabeza del penitente, dice:

Dios, Padre misericordioso, que reconcilió consigo al mundo por la muerte y la resurrección de su Hijo y derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, te conceda, por el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz.
Y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo + y del Espíritu santo.

Respondes: Amén.

Después de la absolución, el sacerdote dice: Demos gracias al Señor porque es bueno. (Sal 117,1)
Respondes: Porque es eterna su misericordia.

El sacerdote te despide diciendo: El Señor te ha perdonado. Vete en paz.

Oración del penitente

Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; no te acuerdes de mis pecados; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor. Sal 24, 6-7

O bien:
¡Oh, Jesús, de amor ardiente, jamás te hubiera ofendido! Oh, mi querido y buen Jesús, con tu santa gracia no te quiero ofender más, ni nunca más disgustarte, porque te amo por encima de todas las cosas. ¡Jesús mío, misericordia, perdóname!

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