Al acabar el día

Oh Dios, dame en esta hora la gracia
de reconocer debidamente mis pecados ante ti,
y de arrepentirme de ellos verdaderamente.
Borra de tu libro, Señor de misericordia,
mis múltiples acciones cometidas contra ti.
Perdóname todas las distracciones en la oración,
mis pecados de omisión,
y mis pecados deliberados contra la conciencia.

Dame luz para ver lo que he de hacer,
valor para emprenderlo y firmeza para llevarlo a cabo.
Que en todas las cosas avance
en la obra de santificación,
de la realización de tu voluntad;
y que, en definitiva, por tu misericordia,
pueda alcanzar la gloria de tu Reino eterno,
por Jesucristo nuestro Señor.
(Beato Cardenal John Henry Newman)