Lunes, 30 Marzo 2020 11:10

Oraciones para rezar en casa por alguien que haya fallecido en la epidemia por el Covid 19

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1. Introducción a la oración:

Quien preside se dirige a los presentes con estas o parecidas palabras:

Queridos hermanos:

En estos momentos en que la muerte deja de ser algo lejano y se convierte en una realidad que nos golpea duramente, seguramente surgen en nosotros muchos interrogantes. Ahora, con dolor y esperanza oramos renovando nuestra fe cristiana. Por nuestra fe creemos que la muerte no es el final, sino la puerta hacia la plenitud de la vida. Y esto lo creemos porque Jesús nos dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás». Creemos también que la muerte ha sido vencida por la resurrección de Cristo y por eso celebramos el triunfo de la vida sobre la muerte, al orar y poner en las manos misericordiosas de Dios a nuestro hermano(a) N. Nos unimos en oración confiada junto con toda la Iglesia que intercede por nuestros difuntos.

2. Inicio – El que preside (o uno de los asistentes) dice:

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

R. Amén.   

Si el que dirige la celebración es un laico, dice alguna de las siguientes antífonas de la Sagrada Escritura; en caso contrario, el saludo habitual (El Señor esté con vosotros ...)

«Venid a mí, todos los que estáis afligidos y agobiados, que yo os aliviaré». (Mt 11, 28)

O bien:

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que nos reconforta en todas nuestras tribulaciones. (2 Col, 3-4)

Luego, rocía el cuerpo o las cenizas del fallecido con agua bendita y puede asperjar también a los presentes.

3. Oración por el difunto y sus familiares

El ministro invita a un momento de silencio para orar y encomendar a Dios a quien ha tallecido; luego dice una de las oraciones siguientes (la tercera está adaptada a un joven).

Oremos.

Recibe, Señor, el alma de tu siervo(a) N., a quien te has dignado llamar de este mundo a tu presencia para que, libre de todo vínculo de pecado, le concedas el gozo del descanso y la luz que no tiene fin, y, entre tus santos y elegidos, merezca participar de la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

O bien:

Señor, te encomendamos humildemente, a nuestro(a) hermano(a), a quien en esta vida mortal siempre protegiste con inmenso amor; ahora que ha sido liberado(a) de todo mal, llévalo(a) al descanso eterno. Imploramos tu clemencia para que conduzcas al Paraíso a este(a) hijo(a) tuyo(a) que ya ha concluido su vida mortal, donde ya no existe ni la muerte, ni la angustia, ni el sufrimiento, sino la paz y el gozo en compañía de tu Hijo y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.

R. Amén.

Por un difunto joven:

Oremos:

Dios nuestro, que diriges los acontecimientos y la duración de la vida de los hombres; te encomendamos humilde y confiadamente a tu hijo(a) N., cuya muerte prematura lloramos, para que le concedas una permanente juventud en la felicidad de tu casa en el cielo. Por Jesucristo nuestro Señor.

R. Amén.

Lectura de la Sagrada Escritura:

Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pablo a los Corintios (2 Cor 4, 14-5,1)

Hermanos, sabemos que quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará a nosotros con Jesús y nos presentará con vosotros ante él. Pues todo esto es para vuestro bien, a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria de Dios. Por eso, no nos acobardamos, sino que, aun cuando nuestro hombre exterior se vaya desmoronando, nuestro hombre interior se va renovando día a día. Pues la leve tribulación presente nos proporciona una inmensa e incalculable carga de gloria, ya que no nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve; en efecto, lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno.

Porque sabemos que si se destruye esta nuestra morada terrena, tenemos un sólido edificio que viene de Dios, una morada que no ha sido construida por manos humanas, es eterna y está en los cielos.

Palabra de Dios

Silencio para orar personalmente.

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Salmo responsorial: Salmo 22, 1-3. 4. 5. 6

Lector: El Señor es mi pastor, nada me falta.

Familia. El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.

Familia. El Señor es mi pastor, nada me falta.

Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.

Familia. El Señor es mi pastor, nada me falta.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.

Familia. El Señor es mi pastor, nada me falta.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.

Familia. El Señor es mi pastor, nada me falta.

Después se prosigue con las preces:

Hermanos: Invoquemos confiadamente a Dios todopoderoso, que resucitó de entre los muertos a su Hijo Jesús para salvar a vivos y difuntos.

A cada intención respondemos: Escúchanos Señor.

- Por nuestro(a) difunto(a) N., que recibió en el bautismo la semilla de la vida eterna, para que el Señor le conceda ser compañero(a) de los santos. Oremos.

- Por este(a) hermano(a) nuestro(a) que se alimentó con el cuerpo de Cristo, pan de vida eterna, para que el Señor lo(a) resucite en el día final. Oremos.

- Por las almas de nuestros hermanos, parientes y bienhechores difuntos, para que el Señor les permita contemplar el resplandor de su rostro. Oremos.

- Por todos los que durmieron con la esperanza de la resurrección, para que el Señor los reciba con amor en su casa. Oremos.

Se pueden añadir aquí oraciones espontáneas

- Por todos los difuntos de esta comunidad cristiana, para que el Señor nos conceda reencontramos con todos ellos en la gloria de su Reino. Oremos.

Se concluye con la siguiente oración:

Oremos.

Señor, Redentor nuestro, que te entregaste a la muerte para que todos los hombres se salvaran y pasaran de la muerte a la Vida: Te pedimos, humildemente, que tengas piedad de estos hijos tuyos que lloran y te suplican por el pariente que han perdido. Tú que eres el único Santo y lleno de misericordia y que por medio de tu muerte abriste a los fieles las puertas de la Vida, perdona todos sus pecados. Rey eterno, no permitas que nuestro(a) hermano(a) sea separado(a) de ti, sino que por el poder de la gloria que tú posees sea llevado al lugar de la luz, de la felicidad y de la paz.

Te lo pedimos a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R. Amén.

Bendición – si preside un ministro ordenado

Invocación final a la Virgen

Para terminar nuestra oración encomendamos a nuestro hermano a la Virgen María, quien estuvo junto a Jesús como madre suya en el momento de la cruz, diciendo:

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra.
Dios te salve.
A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva,
a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora Abogada Nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
Amén

 

O bien:

Bajo tu amparo os acogemos, oh Santa Madre de Dios; no desoigas nuestras súplicas en las necesidades, antes bien, líbranos siempre de todo peligro, ¡Oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!

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