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Una entevista interesante publicada en Infocatolica.com

En esta entrevista publicada en Infocatólica la Dra. Anca María Cernea, miembro de la asociación de médicos católicos de Rumanía, y auditora del pasado sínodo sobre la familia reflexiona sobre la cultura actual. El marxismo, afirma ella, actúa como una religión invertida. Tiene un principio base, que es la mentira, y ganó la batalla cultural tras Mayo del 68 y la Escuela de Frankfort. Merece la pena leerla con detenimiento. 

1) Ud. ha ganado gran notoriedad a raíz de su intervención en el último Sínodo de las Familias; ¿podría contarnos cómo fue convocada y en qué consistía su participación?

La notoriedad que llegó a tener mi humilde intervención de 3 minutos en la plenaria del Sínodo de la familia 2015 dice mucho de los tiempos que vivimos. Porque yo sólo dije cosas normales, cosas que la Iglesia siempre ha enseñado, cité ejemplos de personas que han tomado en serio aquellas enseñanzas, asumiendo todas sus consecuencias, traté de explicar los desafíos anticristianos de hoy a la luz de la profecía de Fátima y de la experiencia milenaria de la Iglesia con las herejías gnósticas, y pedí que la Iglesia no dejara de luchar para salvar las almas del pecado y para convertir el mundo. No había en mis palabras nada que justificara alguna sorpresa. Si hubo sorpresa, eso quiere decir que algo no va bien en la Iglesia.

Inicialmente no era yo quien debía participar en el Sínodo. Era la Dr. Maria-Elisabeta Dunca-Moisin, la Presidenta de nuestra Asociación de Médicos Católicos de Bucarest. Ella no pudo ir,  propuso a nuestros Señores Obispos que fuera yo, y ellos aceptaron. Así fue que llegué a ser la auditora laica de Rumania.

Los auditores éramos unas 30 personas de varios países del mundo. A diferencia de los Padres Sinodales, no podíamos votar. Pero participábamos en los trabajos, tanto en las sesiones plenarias como en los círculos lingüísticos. Teníamos la posibilidad de hacer cada uno una intervención de 3 minutos una sola vez en la Plenaria. En los círculos, podíamos tomar la palabra, si los Padres Sinodales nos lo permitían.

2) ¿Qué consecuencias sobresalientes destacaría en este Sínodo, ya favorables como desfavorables?

Confieso que salí para Roma muy preocupada, porque mi marido y yo habíamos seguido muy de cerca los trabajos del Sínodo anterior (2014) y habíamos visto los increíbles ataques contra la doctrina católica que se dieron entonces, y que procedían lamentablemente, además, de altos jerarcas de la Iglesia. Conociendo mis pecados y mis debilidades, me preguntaba qué sería de mi pobre fe cuando viera de cerca algo parecido, en el seno mismo del Vaticano. Además, me preocupaba la responsabilidad que asumía como participante, aunque no tuviera mucha posibilidad de contribuir al resultado final del Sínodo.

Dios me concedió la gracia de volver muy fortalecida en mi fe en la Iglesia (creo que lo debo también a las oraciones de muchísimas personas que estaban rezando por mí en Rumania), porque encontré, tanto entre los Padres Sinodales, como entre los demás auditores, personas de fe verdadera, de gran solidez teológica y moral, ejemplos de vida cristiana y de profunda oración. Algunos venían de países donde muchos pagan con su vida la fidelidad hacia Cristo. Todavía hay mucha santidad en la Iglesia Católica. Dios la va a proteger, y a pesar de los ataques, las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.

A lo largo de las tres semanas del Sínodo, llegué a convencerme de que los Padres que seguían fieles a la doctrina católica prevalecían también desde el punto de vista numérico. Los revolucionarios eran una minoría, y me pareció evidente que lo sabían; pero estaban muy bien coordinados, tenían prioridad al expresarse en los medios de información y alardeaban de gozar del apoyo del Papa.

Lamentablemente, el documento de trabajo que había sido propuesto, el Instrumentum Laboris era muy malo desde el principio, y era de esperar que no fuera posible transformarlo en un buen documento. Como resultado de los trabajos, se le quitaron muchos de los defectos iniciales más graves. Sin embargo resultó un documento final lleno de confusiones, que pudo ser interpretado de maneras diferentes, hasta opuestas, y que no ayudó mucho a fortalecer la familia.

3) Tenemos entendido que ud. preside la Asociación de Médicos Católicos de Bucarest, ¿cuándo se ha fundado esta asociación, y cuáles son sus principales objetivos, en relación con las políticas oficiales de su país?

No soy yo la Presidenta, este es un error que proviene del Sínodo, donde inicialmente tenía que ir la Dr. Maria-Elisabeta Dunca-Moisin. Yo avisé y pedí por escrito que fuera corregido ese error, que pusieran representante en vez de Presidenta, pero sólo cambiaron los nombres, el título quedó igual. Mi marido y yo somos médicos los dos y miembros de la Asociación de Médicos Católicos de Bucarest.

Ésta es una ONG dedicada a la protección y defensa de la vida y de la dignidad humana, de la familia y de la libertad desde la perspectiva de la enseñanza de la Iglesia Católica. Tenemos actividades en diferentes campos: médico-social, educativo, legislativo y jurídico, tanto a nivel nacional, como europeo e internacional.

4) En su intervención en la sesión del 16/10 del Sínodo, ha llamado la atención sobre la utilización indebida, por parte de la Iglesia, de un lenguaje propio de la ideología marxista, que favorece una gran ambigüedad en el anuncio del Evangelio, ¿a qué cree que se deba esta apropiación?

Creo que se debe en primer lugar al hecho de que el Concilio Vaticano II no ha formulado explícitamente una condena del comunismo. El comunismo es un error de naturaleza religiosa. A lo largo de los dos mil años de su historia, la Iglesia había siempre cumplido su misión de velar por las almas y de advertir al rebaño contra los lobos, es decir contra los errores.

El comunismo es el error más homicida de toda la historia de la humanidad. Y sin embargo, a partir de los años 60, cuando ya decenas de millones habían sido asesinados en nombre del comunismo y otras decenas de millones ya habían sido infectados en sus almas y sus mentes con el virus del marxismo cultural, el problema del comunismo dejó de ser una prioridad, como si se hubiera borrado del campo visual de la Iglesia, que dejó de predicar sistemáticamente contra él, como lo hacía antes. Y muchos católicos llegaron a pensar que las condenas anteriores del comunismo ya no eran válidas.

gramsciEl lenguaje de las encíclicas después del Vaticano II es diferente del de los Papas anteriores en lo que se refiere al comunismo. Los documentos oficiales de la Iglesia ya no expresan el mismo anticomunismo intransigente, sino una posición de neutralidad entre los “dos bloques", comunista y “capitalista”. En la Doctrina Social Católica después del Vaticano II, el rechazo del marxismo se fue haciendo menos radical, al mismo tiempo que la hostilidad a la libertad económica aumentó. El lenguaje de las encíclicas también sufrió una transformación desde el lenguaje cristiano normal al lenguaje mediático ideológicamente contaminado.

Las defensas antimarxistas que los católicos tenían antes, bajaron. Al mismo tiempo, la Iglesia fue el objeto de una infiltración ideológica planeada por sus enemigos. Ya Antonio Gramsci, uno de los principales autores del marxismo cultural, en los años 20-30 del siglo XX había recomendado a sus compañeros comunistas que conquistaran la Iglesia Católica, justamente porque ella era en aquel entonces el mayor enemigo del comunismo. También se conocen los esfuerzos de la KGB para infiltrar y debilitar la Iglesia Católica. Un ejemplo muy expresivo de tal operación KGB es la “teología de la liberación”. Pero no es el único.

Una característica del marxismo cultural, especialmente del gramscismo, es el politizarlo todo, pero pretendiendo que no se trata de política sino de “ética” simplemente. Así es que muchas personas de buena fe llegan a apoyar ciertas causas, sin darse cuenta de que en realidad lo que hacen es política, y de que las causas que apoyan sirven a los intereses comunistas: por ejemplo, el pacifismo, el desarme, la liberación de Palestina, el ambientalismo, el aumento del papel de la ONU, etc.

El hecho de que, durante décadas, la lucha contra el marxismo clásico haya dejado de ser tratada como una prioridad para la Doctrina Social Católica, ha debilitado la capacidad de los fieles, especialmente de los políticos católicos, de reconocer y combatir el marxismo cultural.

Los sermones que escuchamos habitualmente suelen indicar como causa de la decadencia moral actual el “individualismo", y no advierten contra la ideología del marxismo cultural, es decir contra un  error de la naturaleza gnóstica, derivado de la enseñanza satánica del marxismo clásico.

El lenguaje claro es una condición importante para la victoria en las batallas espirituales y culturales: “Sea, pues, vuestra palabra: Sí, sí; no, no; pues lo que se añade de más, procede del maligno.”

El vocabulario cristiano tiene todo lo que le hace falta para describir la realidad. Simplemente debemos hablar cristiano. No tenemos porqué utilizar herramientas de lenguaje de las ideologías que estamos enfrentando; porque así les permitimos ocupar una posición de superioridad moral y nosotros nos quedamos en una posición defensiva, como si tuviéramos que pedir excusas porque existimos como cristianos. Incluso términos como “paz", “justicia", “libertad", familiares al lenguaje cristiano, están siendo utilizados ideológicamente, su significado original está siendo distorsionado o invertido.

El deber de los pastores es hacer una distinción clara. Deben predicar el Reino de Dios y Su justicia, no la “justicia” socialista, entendida como control gubernamental sobre la economía, o redistribución del ingreso. Deben predicar la paz así como nos la ofrece Cristo, no como la definen las Naciones Unidas.

El uso de un lenguaje confuso, políticamente correcto, ideológicamente contaminado, por líderes de la Iglesia, en lugar de la Palabra de Dios, lleva a muchas sociedades católicas a la confusión moral y política, y a derrotas en la guerra cultural. Los fieles se vuelven incapaces de identificar el origen de los ataques contra la vida y la familia y de defenderlas con éxito.

Utilizado por los pastores de la Iglesia este lenguaje es una señal para los laicos que se dedican a la política de que “hay que girar a la izquierda". Esto hace que ciertas opciones se vuelvan prácticamente imposibles para los políticos católicos, como el apoyo al libre mercado, la oposición al Estado-niñera o a la inmigración musulmana, el escepticismo con respecto al “cambio climático” y al papel de la ONU. Porque si toman tales posiciones, van a tener que decir cosas diferentes o contrarias a las que el mundo oye de parte de la Iglesia. Y así quedan desacreditados como políticos católicos, o bien quedan obligados a apoyar las causas de izquierda. Esta es una de las razones por las que en tantos países con mayoría católica las elecciones las ganan los marxistas culturales y los católicos no pueden ni siquiera tener representación política en tanto tales.

5) Ud. se ha referido a la “batalla cultural” que se libra en el interior mismo de la Iglesia, ¿por qué cree que se ha abandonado esta terminología, evitándose sistemáticamente, sobre todo, cualquier mención a la enemistad con el mundo? ¿Se trata de conceptos superados por la nueva cultura del encuentro que se nos propone?

El Padre Michel, un sacerdote francés muy devoto y sabio, amigo de nuestra familia, lo formuló así: “Antes, la Iglesia evangelizaba, predicaba, enseñaba. Más tarde prefirió limitarse a dar testimonio. Luego se contentó con manifestar una presencia. Y ahora sólo se está poniendo a la escucha.”

Creo que esto lo resume todo. Y es lamentable, porque eso de dejarse guiar por el mundo en vez de convertirlo no es precisamente lo que Cristo mandó hacer a los apóstoles: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Y San Pablo así comprendía su misión: “!ay de mí si no anunciare el Evangelio!”

El mundo necesita la Salvación. No podemos afirmar que amamos al prójimo si no queremos compartir con él la Buena Noticia.

Un famoso ateo, Penn Jillette, co-anfitrión de un programa de televisión muy popular en América del Norte, dijo estas palabras: “Si usted cree que hay un cielo y un infierno, y que uno podría ir al infierno o no conseguir la vida eterna, o lo que sea, y usted piensa que no vale la pena decírselo, porque sería incómodo… ¿Cuánto hay que odiar a alguien para no predicar? ¿Cuánto hay que odiar a alguien para creer que es posible que haya vida eterna, y no decírselo?”

6) En esta “cultura del encuentro”, cumple un papel fundamental el empeño ecuménico. ¿Cree que la manera actual de concebirlo –no tanto como instancia a la conversión, sino evitando el abordaje de los puntos que nos diferencian de otras confesiones- tiene alguna relación con el marxismo cultural?

Es difícil dar una respuesta a la vez breve y completa a esta pregunta.

Ya se sabe que la decisión de que Vaticano II no pronunciara una condena formal del comunismo se debió al  empeño ecuménico. El Papa Juan XXIII querría mucho que al Concilio asistiese un representante de la Iglesia Ortodoxa Rusa. El cardenal francés Tisserand, representando la Santa Sede, concluyó con los soviéticos el “pacto de Metz”, un acuerdo conforme al cual éstos últimos permitirían la presencia del Metropolita Nicodemo de Moscú a cambio del silencio del Concilio sobre el tema del comunismo. Como ya hemos visto, la ausencia de esa condena dejó el rebaño católico sin una protección adecuada contra ese mal.

Más tarde, el mismo tipo de ecumenismo estuvo a la raíz de la Ostpolitik vaticana que, en vez de apoyar a los católicos de los países del Este, en plena era de la persecución comunista, trataba de complacer a sus gobiernos, ilegítimos y asesinos. Eso causó muchísimas dificultades al Cardenal Wyszynski, el santo pastor de la Iglesia Polaca, para no mencionar el caso del Card.Joseph Mindzentycardenal Mindszenty de Hungría (foto al lado) .Lamentablemente, hoy en día ocurre lo mismo, el Vaticano parece privilegiar las relaciones ecuménico-diplomáticas con Rusia y China, en vez de apoyar a los católicos de Ucrania, que tanto sufren por causa de la invasión rusa, y a los católicos chinos, perseguidos y martirizados por el gobierno comunista a causa su fidelidad a la Iglesia Católica.

No podemos dejar de mencionar que la KGB también tuvo un “empeño ecuménico” propio. Por ejemplo, según mostró el historiador búlgaro Momchil Metodiev en su libro sobre este tema, los soviéticos y sus subordinados búlgaros emplearon a los ortodoxos búlgaros y al Consejo Mundial de las Iglesias para promover globalmente los objetivos estratégicos soviéticos. Lo mismo pasó con todas las iglesias ortodoxas de países comunistas.

El ecumenismo que pretende reducir la verdad a un denominador común, negociado en conferencias internacionales, no lleva a ningún resultado positivo, exceptuando el aspecto turístico.  Otros métodos son mucho más eficaces para conseguir resultados: la fidelidad a la fe en su integridad, la oración para la unidad y la alianza fraterna con los demás cristianos al defender junto con ellos la vida, la familia, la presencia cristiana en el espacio público, la Civilización Cristiana.

Como dije en mi breve intervención de Sínodo, no sólo los católicos estaban preocupados y rezando mucho, sino también otros cristianos, sabiendo que si la Iglesia Católica hubiera cedido al espíritu del mundo habría sido muy difícil que sus iglesias resistieran.

Durante su visita a Rumania, en 1999, el Santo Padre Juan Pablo II habló de la comunión en el martirio de los católicos y ortodoxos que han dado su vida para el Evangelio durante el régimen comunista.

7) ¿Cree ud. que se está produciendo de nuevo un avance de la Teología de la Liberación, especialmente en Hispanoamérica? en caso afirmativo, ¿qué opina de ello?

No sé si es un avance, pero de todas maneras veo que, a medida que el marxismo clásico (como consecuencia de su espectacular fracaso económico) tuvo que cambiar de forma, y hoy en día lo que prevalece es el marxismo cultural, también la teología de la liberación fue mudando poco a poco de acento, desde la “lucha armada” de la “clase obrera” hacia el ambientalismo, el indigenismo, el feminismo, “la lucha contra la discriminación por causa de orientaciones sexuales”.

Para entender este tipo de transformación hay que tener en cuenta lo que significa para los marxistas la dialéctica, la unidad y la lucha de contrarios y el primado de la praxis revolucionaria - es decir la adaptación de la teoría marxista a las circunstancias, para facilitar la toma/conservación del poder por los comunistas. (En realidad, esto no es sino una justificación sofisticada del recurso sistemático a la mentira, que es la esencia misma del marxismo.)

Toda la historia desde la Unión Soviética hasta la Rusia de Putin es una sucesión de transformaciones “dialécticas”, entre formas hard y soft: por ejemplo, a la violencia y al genocidio de la Revolución Bolchevique le siguió una aparente “liberalización”, la Nueva Política Económica de Lenin. Luego vino Stalin, otra vez con represiones sangrientas, campos de concentración, millones de víctimas, luego Jruschov condenó los abusos de Stalin e inauguró un aparente deshielo, luego Breznev volvió a un totalitarismo de tipo Stalin, luego vino la perestroika de Gorbachov y ahora Putin está restaurando la Unión Soviética. Las metástasis comunistas difundidas por la URSS, que son los “errores de Rusia” de las que Nuestra Señora de Fátima había dicho que iban a ser diseminadas por todo el mundo, siguieron el mismo modelo.

Esos cambios no deben engañar, se trata únicamente de diferentes formas del mismo movimiento. Como explicaba el filósofo brasileño Olavo de Carvalho, la teología de la liberación no es una teología, sino un movimiento revolucionario, por lo tanto no es suficiente que la Iglesia haya denunciado las teorías de sus líderes, porque el movimiento sigue con la misma estructura y funcionando como si nada.

8) Rumania vivió el marxismo soviético, pero también el cultural, gramsciano; ¿qué papel cumple en este último el cambio de la tradición religiosa y el falseamiento de la memoria histórica? ¿Cómo cree que debe responder a ello la Iglesia?

Ambos tipos de marxismo tienen como rasgo esencial el cambio de la tradición religiosa y el falseamiento de la memoria histórica. Como sabemos, el comunismo es un fenómeno satánico, de odio y revuelta contra Dios, según mostró Richard Wurmbrand en su libro “La Otra Cara de Karl Marx”. La Iglesia tiene por excelencia la misión de reconocer cualquier error, cualquier amenaza de naturaleza religiosa y denunciarla, condenarla, para proteger a los fieles.

El comunismo se funda en la mentira, y tiene muchos crímenes en su pasado que ocultar. Además, se sabe que “quien controla el pasado controlará el futuro”, decía Orwell.

En cuanto a la verdad histórica, la Iglesia también tiene el deber de defenderla, de no dejar que la sociedad adopte, bajo el pretexto de una ilusoria “reconciliación” la narración comunista de los acontecimientos históricos. La Iglesia debe ser madre de todos, pero no puede dejar de defender la verdad, no puede situarse en una posición de neutralidad entre los mártires y los asesinos.

Es un tema muy importante, y merecería ser tratado de manera más extensa. Me permito sugerirles un artículo que me parece relevante, del periodista español Hermann Tertsch, que pueden leer aquí.

9) ¿Y qué papel juega hoy el marxismo cultural en las democracias liberales?

Casi todos los países de Europa Occidental (incluso las estructuras de la UE), Estados Unidos, Canadá y la mayoría de los países latinoamericanos están siendo gobernados por marxistas culturales. Algunos son ex- o actuales marxistas clásicos, otros son de la generación de 1968, o alumnos de Marcuse y de Saul Alinksi.  

Esta dominación política es resultado de la hegemonía cultural que, siguiendo las instrucciones de Antonio Gramsci, fue conquistada antes, por la ocupación de espacios dentro de las instituciones, los medios de comunicación, la educación, la cultura, las Iglesias.

Como lo explica el escritor polaco Bronislaw Wildstein, la derrota económica del comunismo hizo que se borrarán las diferencias anteriores entre socialistas y liberales. Los primeros aceptaron en principio la libertad económica, y se concentraron en la revolución cultural. Los segundos fueron aceptando cada vez más el control creciente del gobierno y de los organismos internacionales en la economía, y se dejaron llevar sin objetar por los marxistas culturales en su empeño contra el cristianismo, contra la identidad nacional, en su apuro de re-proyectar la sociedad, la familia y hasta el ser humano y su identidad sexual.

Porque el marxismo, sea clásico o cultural, funciona como un fenómeno religioso, como la fe cristiana invertida. Hubo muchos comunistas que murieron gritando “Viva Salin”, al ser ejecutados por orden del mismo. Pero no hubo casos de liberales dispuestos dar su vida por el impuesto único. El liberalismo por sí mismo no tiene dimensión religiosa (aunque los liberales individuales puedan tenerla): solo se contenta de defender la libertad económica, sin preocuparse mucho por el marco cultural que ella necesita para existir. Así que la “fe” de los marxistas casi siempre acaba llevando a los liberales consigo como una avalancha, llegando a dominar en democracias liberales.

Pero no debemos olvidarnos de que el marxismo cultural no es un fenómeno occidental, es un arma inventada por los enemigos de la Civilización Occidental para destruirla - mejor dicho para que ella se auto-destruya.

10)  ¿Qué ingerencia cree que ha tenido la Escuela de Frankfurt en la revolución cultural contra la familia?

La primera revolución sexual de la historia humana la hizo Lenin - al legalizar el aborto, la homosexualidad, el divorcio sin culpa; Lenin, siguiendo a Marx y Engels, quería explícitamente destruir la familia, que consideraba una institución burguesa - véanse sus diálogos con Clara Zetkin.

Lenin, con Georg Lukács y Willi Münzenberg, el jefe del Komintern, iniciaron la Escuela de Frankfurt - conocida también como “La escuela crítica” o la “Teoría Crítica". Desciende de Lukács a través de Wilhelm Reich, Herbert Marcuse y muchos otros, a la ideología de género de hoy formulada por Judith Butler. Típico de esta escuela es el uso de términos y conceptos tomados de la psicología, combinando a Marx con Freud, con el fin de socavar los cimientos morales y las instituciones de la sociedad occidental, empezando por la familia.

11)  Actualmente vemos que una gran cantidad de batallas pro-vida y pro-familia en occidente no prosperan como deberían pese a una activa militancia de los católicos en ellas; ¿cree que en parte se debe a que se enfocan casi exclusivamente en estos temas, descuidando otros frentes de los que ellos dependen?

Si sólo nos centramos en nuestros objetivos pro-vida pro-familia, y dejamos que el otro lado tome todo lo demás: cultura, educación, política, medios de comunicación, entretenimiento, justicia, administración, economía, entonces no podremos defender la vida y la familia por mucho tiempo. La defensa de la vida, la familia y la moral es muy importante, pero hay más que defender. Se trata de la Civilización Judeo-Cristiana, nada menos. Necesitamos recuperar nuestro mundo de las manos de los revolucionarios. fatima

Necesitamos una Reconquista - primero en lo espiritual, luego en lo cultural y lo político.

La normalidad terrenal de la civilización cristiana con todos sus beneficios es sólo un producto secundario de la evangelización; pertenece a esas “cosas que nos serán añadidas” si “buscamos primero el Reino de Dios y su justicia".

La verdadera prioridad para la Iglesia debe ser el guiarnos en la batalla espiritual, salvar almas, decir al mundo: “Arrepentíos de vuestros pecados y volved a Dios, porque el Reino de los Cielos está cerca".

El Reino de Dios no es de este mundo. El paraíso no se puede lograr en la tierra, el bien y el mal seguirán coexistiendo en las realidades terrenales, hasta que el Señor mismo venga en gloria para juzgar al mundo. Pero al menos un cierto grado de normalidad puede lograrse mediante la evangelización y la conversión de personas y sociedades. Eso es todo lo que podemos hacer para “construir un mundo mejor". Y lo único que se necesita en realidad.

Cuando haya suficiente santidad y virtud en nuestras comunidades, cuando suficientes personas compartan los mismos criterios morales objetivos (los Diez Mandamientos), entonces no necesitaremos de burócratas todopoderosos del gobierno para evitar que la sociedad se convierta en una jungla sin ley. Entonces las instituciones se limitaran a cumplir sus tareas, y lo harán de manera decente, respetando la libertad de los ciudadanos y de la sociedad; la familia estará a salvo, y la cultura de la vida triunfará sobre las ideologías de la muerte.

Entonces la civilización será moralmente fuerte y apta para defenderse de la barbarie - y también para predicar el Evangelio a los bárbaros y convertirlos al cristianismo.

Esto no es ninguna utopía. Es un método comprobado durante dos mil años. Así fue que la Iglesia creó la cultura cristiana y la única civilización donde la libertad es posible.

12)  Hace décadas asistimos a un creciente desprecio por el cuidado de la ortodoxia doctrinal –que S.S. Benedicto XVI llegó a llamar “analfabetismo religioso”- en pro de la insistencia en las buenas intenciones y en las obras. ¿Cree que este clima haya influido en los últimos Sínodos?

Yo no diría que esto haya sido el clima dominante en los últimos Sínodos. Los Padres Sinodales, en su mayoría, no eran así. En lo que toca a la minoría revolucionaria, es imposible invocar en el caso de tan altos jerarcas de la Iglesia la presunción de ignorancia del Catecismo que los niños aprenden al prepararse para la Primera Comunión. A mi eso me recuerda la definición que dio Olavo de Carvalho: “la honestidad intelectual consiste en que uno no pretenda saber cosas que de hecho no sabe, ni pretenda ignorar cosas que sabe perfectamente”.  

Como por ejemplo, que no puede haber divorcio entre la doctrina y las obras.  Pero, ¿quién soy yo para juzgar?…

13)  Ud. ha hablado de la relación entre la ideología progresista y el antiguo gnosticismo, ¿podría ampliarnos esta vinculación? ¿Y podríamos ampliarla hacia la acción de la masonería?

A la raíz de la actitud gnóstica hay una revuelta satánica contra Dios, contra Su ley y contra el orden moral de Su creación.

Generalmente, las herejías gnósticas se basan en una oposición radical entre la materia y el espíritu, entre el cuerpo y el alma. La materia es considerada mala, el espíritu es considerado bueno. La materia, dicen los gnósticos, fue creada por un demiurgo maligno; Hay también un Dios espiritual, pero es completamente desconocido, trascendente, inaccesible. Los errores gnósticos prometen la salvación de la “prisión” del Universo creado, una salvación obtenida por los hombres mediante algún tipo de conocimiento secreto, sin ninguna ayuda de Dios.  Esta oposición gnóstica entre la materia y el espíritu, el cuerpo y el alma, da lugar a enseñanzas sobre la moralidad sexual que se sitúan en ambos extremos: la prohibición absoluta de la procreación o el libertinaje total, la promiscuidad sexual, las orgías rituales.misasoho

Todo esto es contrario a lo que la Biblia enseña, a saber, que Dios ha creado todas las cosas y las ha encontrado buenas. Que nos ha creado, hombres y mujeres, a Su imagen y semejanza. Que el mal ha entrado en el mundo a través del pecado humano. Pero también que Dios, en Su infinita bondad y amor por la humanidad, le ha ofrecido la oportunidad de salvación, a través de la Encarnación, muerte y Resurrección del Verbo, reconciliando así a Dios con Sus criaturas. Para nosotros los cristianos, el cuerpo es el templo del Espíritu Santo. Esta es la base de la enseñanza cristiana sobre la santidad del matrimonio, sobre la bendición recibida de Dios de tener hijos y sobre todo lo que tiene que ver con las enseñanzas cristianas sobre la moralidad sexual.

El origen de los errores gnósticos es el momento en que Adán y Eva, persuadidos por la serpiente malvada a no confiar en la palabra de Dios, sino intentar “ser como Dios” (Gn 3, 5), tomar el control, tomar el lugar de Dios, comieron del fruto prohibido, el fruto del conocimiento, transgrediendo el mandamiento de Dios.

Desde los albores del cristianismo, las herejías gnósticas fueron atacando a la Iglesia. La masonería tuvo varias formas en varios tiempos y lugares, por lo general correspondiendo a la descripción de las sectas gnósticas.

Los Papas condenaron la masonería repetidas veces, y la interdicción absoluta para los católicos de pertenecer a ella sigue siendo vinculante, a pesar de que a veces cierta “cultura del encuentro” prefiere olvidarla.

Eric Voegelin mostró cómo las sectas gnósticas dieron nacimiento a movimientos gnósticos de masa hacia el final Edad Media, y que a lo largo de los siglos, pasando por diferentes etapas, como el Renacimiento, la Reforma, el Iluminismo, hasta las ideologías del siglo XX, el contenido doctrinario de tales movimientos se fue volviendo cada vez menos espiritual y más de este mundo. El mismo Voegelin escribió desde los años 1920 que el nazismo y el bolchevismo eran una especie de religiones sustitutivas, con sus propios símbolos, profetas, escrituras, jerarquías, liturgias, celebraciones, etc., representando la forma contemporánea de la antigua herejía gnóstica. Esta vez no se trata de un “conocimiento” trascendente de secretos espirituales, el pretexto es enteramente material, se trata de “ciencia” y “progreso". Un Esjaton immanentizado.anca2

Las ideologías modernas no son más que una “reedición”de las viejas herejías gnósticas. El comunismo las supera a todas, tanto en la violencia como en la malicia. De entre todos los males del siglo XX, Nuestra Señora en Fátima advirtió de manera especial contra “los errores de Rusia”, que iban a ser difundidas en todo el mundo. Desde 1917, el mal del comunismo no sólo fue incomparablemente más poderoso, más homicida y más mendaz que todos los errores anteriores, pero incluso los aprovechó y utilizó. Con sus 500 000 agentes infiltrados en todo el mundo, la KGB fue la mayor estructura de crimen organizado de la historia de la humanidad, peor que cualquier otra secta satánica o bando de mafiosos. Y hoy en día no tenemos la menor razón para creer que sus redes hayan sido desmanteladas.

14) Se ha dicho que durante el Sínodo, ha habido una cuestión que casi no admitió debates ni objeciones; ¿qué papel juega la cultura homosexual frente a la Iglesia y a la Familia?

Si, para los “progresistas”, el tema de la homosexualidad fue evidentemente una prioridad, tanto en el Sínodo de 2014 (recordemos el escándalo del documento llamado “Relatio postdisceptationem”) como en el de 2015.

El círculo lingüístico “Inglés C” al que yo pertenecía, resultó el más progresista de todos. Y no por el número, sino por la preponderancia de ciertos jerarcas occidentales progresistas.

Recuerdo especialmente  una tarde cuando dos cardenales de nuestro círculo, que habían estado ausentes hasta ese momento - porque eran miembros del grupo de los diez Padres Sinodales, encargados por el Papa de la elaboración de relato final - llegaron justo a tiempo para tratar un punto que para ellos y otros Padres de países occidentales parecía ser de la máxima importancia: el párrafo sobre los homosexuales y, en general, la forma en que el documento debía mencionar la homosexualidad. Pude convencerme de que cualquier discusión era inútil, porque los padres que dominaban el debate en nuestro grupo parecían haber establecido muy firmemente su posición y no querrían escuchar otros argumentos. Parecían haber decidido que era imprescindible mencionar a los homosexuales en el documento del Sínodo sobre la familia. Y que fuera necesariamente de manera positiva. Cuando insistí en que también recordásemos la enseñanza de la Iglesia Católica según la cual los actos homosexuales son pecados, acabaron por pedirme simplemente que me callara, aunque en otras ocasiones me habían permitido hablar, (al principio incluso me habían animado a expresarme, a contribuir al ámbito multicultural con mi perspectiva femenina de Europa del Este).

Volviendo a su pregunta, hay que precisar lo que se entiende por homosexualidad: si hablamos de tendencias homosexuales, de actos homosexuales, o de una supuesta identidad antropológica y cultural homosexual.

De entre las tres situaciones enumeradas, solamente los actos constituyen propiamente homosexualidad. El comportamiento humano, incluso en el campo de la sexualidad es enteramente controlable por la voluntad. No existe ninguna prueba científica de que la homosexualidad sea determinada genéticamente. Las tendencias homosexuales a veces ocurren por un cierto tiempo en la adolescencia, otras veces pueden persistir, pero una persona que las tiene siempre puede abstenerse de pasar al acto.

Pero hablar de una identidad cultural homosexual, así como hablamos de identidad religiosa o étnica, es un absurdo. Las culturas no se fundan en el modo técnico preferido por ciertas personas de obtener el placer sexual.  A lo largo de la historia, en diferentes lugares del mundo ha habido homosexualidad. Pero nadie, nunca ha pensado en reclamar “derechos” y reconocimiento especial de parte de la sociedad para los homosexuales con base en su modo particular de practicar el sexo. Nadie, hasta nuestro tiempo ha pretendido que una pareja homosexual pueda ser considerada familia.

Demandas como el “matrimonio gay” no sirven necesariamente a las personas homosexuales, cuyo interés por vivir en parejas estables es típicamente muy escaso. El lobby gay no siempre representa a los gays reales, sino más bien a los revolucionarios del marxismo cultural que quieren destruir la familia, como institución fundamental de la sociedad y de la Civilización Occidental.  

Recordemos cómo empezó todo. En nuestros tiempos el primer país donde la homosexualidad dejó de ser penalizada, fue la Unión Soviética en tiempos de Lenin, después de la revolución bolchevique. En 1950, un tal Harry Hay fundó en Estados Unidos  la primera organización por los “derechos de los homosexuales” en la historia, llamada Mattachine Society; casi todos sus miembros, empezando por el propio Hay, eran miembros del Partido Comunista de Estados Unidos, una agencia dirigida directamente por los soviéticos.

15) ¿Qué mensaje quisiera dejarnos como conclusión, especialmente a los jóvenes, a las familias católicas, y a los formadores en la fe?

Yo pienso siempre en aquella llamada que hizo el Cardenal Wojtyla minutos después de ser electo Papa Juan Pablo II: “Non abbiate paura! !No tengáis miedo!”. Funcionó como un exorcismo. Me acuerdo como lloramos de alegría al oír la noticia en Rumania, en uno de los peores momentos del régimen de Ceausescu.

Pienso también en una homilía de nuestro obispo greco-católico de Bucarest, cuando nos decía que el demonio, siendo el padre de la mentira, suele hacernos ver las cosas sin importancia en dimensiones gigantescas, y las que de veras cuentan como si fueran pequeñas e insignificantes. Pensemos en eso cuando nos sintamos desanimados delante de la maldad del mundo.

Si, es verdad, las cosas no van bien alrededor de nosotros, el mal parece ganar terreno cada vez más, y los cristianos tenemos que enfrentar enemigos poderosos.

Pero hay una única cosa que realmente nos puede hacer daño. Nuestro pecado.

Así que seamos valientes al vivir y defender la fe de la Iglesia en su integridad. Tengamos confianza.   Si Dios está con nosotros ¿quién contra nosotros?

Modificado por última vez enSábado, 12 Noviembre 2016 22:49
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Tierra Santa 2017

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    Peregrinación a Tierra Santa La parroquia, siguiendo los pasos de…

Lecturas de la Misa

  • PRIMERA LECTURA:Concedes el arrepentimiento a los pecadores.Lectura del libro de la Sabiduría 12, 13. 16-19Fuera de ti, no hay otro[…]

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Eucaristía

  • Laborables: 8:30, 11:30 y 7:30
  • Sábados: 11:30 y 7:30
  • Domingos: 11:30 (niños) 12:30, 13:30 y 7:30

Confesiones y oración

  • Media hora antes de la Misa
  • Jueves tarde de oración; Rosario a las 19:00. Eucaristía a las 19:30 y Adoración a la Eucaristía de 20:00 a 21:00

Dirección

  • Estamos en calle Orfila 1
  • Abrimos de 8:00 a 14:00 y de 17:30 a 20:30;
  • Los domingos de 11 a 14 y de 18:30 a 20:30