Parroquia de santa Elena
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EL boletín de la parroquia

En 500 palabras

La gran dignidad el hombre

No sabía si volver a escribir sobre la ideología de género. Como se discute tanto en el debate actual, he leído un argumento muy simpático que la lleva al absurdo, que es lo que es, una ideología absurda; pero parece que lo absurdo ha cogido el poder en nuestros días. El argumento decía que si el género no es biológico, entonces la raza tampoco lo es. Y uno puede sentirse de una raza y ser de otra… Esto es más interesante, porque al poder elegir la raza que uno siente que es, entonces se puede beneficiar de lo que se llama la discriminación positiva en algunos países. Ésta consiste en fomentar el progreso de minorías étnicas dándoles más facilidades que a otros para, por ejemplo, becas universitarias. Y esto causó dificultades, p. ej., en la universidad de Yale, en la que hace unos años, unos estudiantes judíos entablaron un pleito contra la universidad por sentirse discriminados por haber sido excluidos de becas por las políticas de discriminación positiva.
Como se ve, lo que está de fondo es que el relativismo, llevado a sus últimas consecuencias, es incompatible con la naturaleza de la justicia, que exige un ordenamiento objetivo detrás de ella. Tan injusto es no dar a cada uno lo suyo como dar a cada uno lo que no es suyo. Y los que defienden la ideología de género dan a cada uno lo que no es suyo, y nos fuerzan a los demás a hacerlo. Nos quitan la libertad. Y los casos que se plantean son muy complicados.
He sabido de una profesora católica que recibió una llamada de la dirección del colegio por un caso de transexualidad, en que le decían que a partir de determinada fecha tenía que llamar a “fulanito” “fulanita”. Y los niños del colegio, lógicamente lo ven como algo natural. Es una lección que aprenden en la escuela, no mediante una clase teórica, sino mediante la praxis, lo cual se enraíza más en el subconsciente.
¿A dónde vamos? Sinceramente no lo sé; no sé a donde va la sociedad con este cambio cultural. Sí sé, por lo que hemos vivido con el pontificado de san Juan Pablo II y la caída del Muro, cuál puede ser el camino a seguir por la Iglesia. En Polonia laicos católicos fueron los que pusieron en práctica la antropología de JPII e hicieron caer el sistema comunista. El camino a recorrer es el que ellos recorrieron, la antropología de san Juan Pablo II, conocerla y vivirla en la praxis de la Iglesia. Vivir el papel y la vocación laical, o en palabras del Papa Francisco, ser Iglesia en salida. La educación en casa de los hijos es esencial, lo mismo que la catequesis parroquial.
La fe de los niños tendrá, en general, el fervor de la fe de los padres. No se trata ahora de volvernos ultramontanos, lo cual es dañino, pues todos los rigorismos son muy dañinos. Se trata de ser santos en la vida diaria. De meter a Nuestro Señor en nuestra vida, en nuestro matrimonio. De vivir para él. En otras palabras de pasar de un catolicismo acomodaticio a explorar el legado de SJPII y vivir la santidad. ¿Se lo pedimos al Señor? ¡No tengais miedo, abrir de par en para las puertas a Cristo!
P. Javier, párroco